Corría
el siglo IX cuando Abd al-Rahman I, ante la amenaza de ataques
vikingos, envió un destacamento de árabes para establecerse
en la costa almeriense. Así surgió al-Mariya Bayyana,
germen de la ciudad que llegaría a convertirse en el principal
puerto de Al-Andalus.
Profundamente marcada por su carácter mediterráneo,
esta ciudad abierta y hospitalaria ofrece un verdadero compendio
de estilos artísticos y ambientes llenos de contrastes,
que varían del sabor musulmán del barrio de La Chanca
a los paseos y avenidas de la Almería más moderna.
La Alcazaba se yergue orgullosa mirando hacia el mar, con sus
torres y murallas centenarias dominado el horizonte.
Las calles de la antigua medina, puerta de acceso a la Alcazaba,
están salpicadas de iglesias y conventos que invitan a
descubrir el rico patrimonio religioso de la ciudad, con la Catedral-fortaleza
como máximo esponente, y rincones como la Plaza Vieja,
presidida por el Ayuntamiento. El esplendor económico del
s. XIX propició la expansión de la ciudad fuera
del casco histórico, donde pueden contemplarse bellas muestras
de la arquitectura civil almeriense. Muy cerca de la Rambla se
encuentra el Cable Inglés, al pie de a playa de Las Almadrabillas,
cargadero de mineral que recuerda el pasado industrial de la ciudad.
Una puerta de entrada al mar Mediterráneo y de recepción
de visitantes; así se podría definir el gran puerto
que posee Almería, que se ha convertido en uno de los mayores
centros de recepción de turistas del sur de Europa.
Ya en la antigüedad, esta provincia, por su posición
estratégica, llegó a ser uno de los puertos comerciales
más relevantes y punto de encuentro de importantes culturas
como la oriental o la procedente del continente africano. Esta
última aún sigue muy apegada a la provincia, ya
que por su cercanía, es punto de partida obligado para
los ferrys que zarpan rumbo a Melilla y Nador.
Los cruceros procedentes de las penínsulas griega e italiana
escogen de forma muy frecuente el puerto de Almería como
lugar no sólo de tránsito sino también con
la intención de que las tierras andaluzas formen parte
de la visita programada.
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Faced with the threat
of vikings attacks in the 9th Century, Ab al-Rahman sent a detachment
of Arabs to settle on the Almerian coast. This was the seed of
the city which was to become the main port of Al-Andalus.
Profoundly Mediterranean in character, Almería is an open,
welcoming city, a rich compendium of artistic styles and contrasting
atmospheres, ranging from the moorish flavour of La Chanca quarter
to the promenades and avenues of modern Almería. The Alcazaba
fortress rises proudly, its centuries-old towers and walls dominating
the skyline as it look seawards.
The streets of the ancient medina, or moorish town, which lead
to the Alcazaba are dotted with churches, convents and monasteries
inviting the visitor to discover the city’s rich religious
heritage, the prime example being that of the fortified Cathedral,
and spots such as Plaza Vieja, presided by the Town Hall. In the
19th Century the city’s burgeoning economy led to the city’s
expansion outside its historical quarter, home to many attractive
examples of Almería’s architecture. Close to La Rambla
and the very feet of Las Almadrabillas beach is the Cable Inglés,
a mineral ore cable loader, a reminder of the city’s industrial
past.
The great port of Almería, now one of the Southern Europe’s
largest centres for receiving tourists, is a port open to both
the Mediterranean and to visitors.
Already in the times of Antiquity it was an important port due
to its strategic position and it became one of the largest commercial
ports of the era as well as being a meeting point of important
cultures from places such as the Orient and Africa. Africa still
has close links with the province; because of Almería’s
geographical proximity it is the obvious point of departure for
ferries that sail to cities such as Melilla and Nador.
Cruises from Greece and Italy not only choose Almería as
port of call, but they also include this part of Andalucía
as a programmed stop on their cruises.
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